En el Nº2 de los Documentos de Coyuntura del Área de Política  del Instituto de Desarrollo Humano y la Universidad Nacional de General Sarmiento, el economista Ricardo Aronskind analiza la situación económica actual, sus causas y consecuencias.

buitrito-300x200

Por Ricardo Aronskind

(…)

Tres escenarios para los próximos meses

Esta conceptualización es necesariamente esquemática. Pretende señalar variantes posibles de la dinámica económico-política vigentes en agosto de 2014.

Caotización: se profundiza el desorden económico, y se aceleran los saltos de precios y la confictividad social; el gobierno no logra controlar la situación y el embate político de diversos actores coordinados (externos e internos) lleva a un escenario de crisis institucional.

Se buscaría que en 2015 el Estado esté “a tiro de corrida cambiaria”, con reservas muy menguadas, como para provocar un golpe hiperinfacionario usando nuevamente la suba del dólar marginal u obligar a un hiperrecesión, con un salto grave en el desempleo. Los fuertes vencimientos de deuda externa del próximo año, si no son refnanciados, pueden contribuir a esa situación de debilitamiento de reservas.
La ventaja que un escenario así tiene para los actores más retrógrados –y los que necesitan mayor impunidad– es que abre el camino para una fuerte regresión en todos los planos, con la excusa de “controlar el caos dejado por el kirchnerismo”.

Es interesante señalar que la radicalización discursiva en el terreno político, escenifcada en manifestaciones como los cacerolazos de 2012 y 2013, con marcada proyección destituyente, no fue acompañada de una radicalización paralela del discurso económico. Aun no se dieron las condiciones para que la oposición de derecha se atreva a plantear abiertamente el escenario de remoción del “modelo” kirchnerista (aún cuando todos los elementos dispersos de una “restauración noventista” se encuentran presentes en los discursos de los voceros neoliberales).

Desgaste: en este escenario, el gobierno queda atrapado en una dinámica de muy bajo crecimiento, o de estancamiento económico, que sería agravada por el comportamiento empresario y del sindicalismo opositor, para llegar en un clima de malestar y falta de expectativas favorables a las elecciones. Sería interpretado como “inevitable fn de ciclo” tantas veces anunciado. El cuadro no destruiría al kirchnerismo como fuerza política, pero lo debilitaría y favorecería su desgranamiento, y permitiendo el triunfo de opciones conservadoras internas o externas, sin espíritu de cambio y tributarias del quietismo social y económico.

Un gobierno de esas características no tendría voluntad de cambio, pero carecería también del vigor para producir una regresión económica y social en toda la línea, como pretenden sectores del establishment.

Relanzamiento: el gobierno logra romper el círculo de retroalimentación “expectativas devaluatorias-remarcaciones compulsivas-demandas salariales”, desarmando las maniobras cambiarias, ganando control sobre el sector externo, profundizando el vínculo directo entre productores y consumidores, y redoblando el esfuerzo explicativo sobre la situación económica y las medidas que se toman para resolverla.

Si el gobierno logra poner la situación económica bajo control, desarticulando la trampa “o recesión o corrida”, puede avanzar en el año 2015 con nuevas medidas progresistas que permitan llegar en condiciones auspiciosas a las elecciones de ese año.

El documento de la Convergencia Empresaria

Un documento clave para entender la dinámica actual es el que ha emitido la Convergencia Empresaria. El nucleamiento presenta como un programa a ejecutar en el nuevo tramo institucional que se abre a partir de 2015 un acumulado de demandas empresarias para incrementar fuertemente su rentabilidad a costa de los ingresos del Estado y de amplias franjas de la población. Buena parte del espectro político parece, de acuerdo a las declaraciones realizadas, moverse en esa dirección ideológica. Por ejemplo, en torno a la voluntad de reducir las retenciones agropecuarias, “vincularse al mundo” o crear buen “clima de negocios”. El documento, explícitamente, señala que ese programa económico puede ser ejecutado “por cualquier partido político”. La acotación parece sugerir que no solamente Macri, quien acuerda plenamente con los lineamientos neoliberales del documento, o los principales candidatos de FA-UNEN que también lo sugieren, sino eventualmente alguien surgido del propio ofcialismo actual (¿Scioli?), podrían adoptar los principios económicos de la Convergencia Empresaria. Vale la pena recordar que en 1989, el programa neoliberal no sólo tenía su portaestandarte partidario natural (la UCeDé), sino que también había sido adoptado por el candidato ofcial de la UCR (Angeloz), y fnalmente fue ejecutado por el candidato “alternativo” (Menem, PJ). La tradicional carencia de un programa explícito por parte del kirchnerismo hace difusa una confrontación explícita en el campo de las propuestas.

La mirada en el 2015

De numerosas declaraciones y artículos publicados en la prensa conservadora surge la idea de una apuesta fuerte a reconducir la economía argentina a una especie de “normalidad” internacional, donde básicamente el argumento es que el Estado debe estar al servicio de “los mercados”, eufemismo para aludir a los sectores de capital más concentrados. Recientemente el economista González Fraga (FA-UNEN) ha señalado que, dado el bajo nivel de la deuda externa argentina actual, con el gobierno que asuma en 2015 el país podría ampliar su deuda en dólares del actual 10% del PBI, al 30% del mismo. Lo notable es que ese potencial incremento de deuda de cerca de 80.000 millones de dólares sería utilizado para reducir los impuestos “al campo” y el IVA. No para cambiar la matriz productiva argentina, ni para volver más inteligente y efciente el Estado, sino para reducir impuestos a sectores de altísimos ingresos y convalidar en parte la incapacidad pública para reducir la evasión en otros impuestos.

Es evidente que la propuesta de reendeudamiento, que empieza a ser explicitada en los medios opositores, suena positivamente en los oídos de la “comunidad fnanciera internacional”, presta a dar la bienvenida a un gobierno “normal”.

Desde una perspectiva regional, la reinstalación del neoliberalismo en la conducción económica argentina sería un factor que debilitaría el proyecto de integración regional autónoma, ya que nuestro país ha sido en la pasada década un actor muy decidido de ese proceso, frente a posturas menos claras de Brasil, Uruguay y Paraguay. La neutralización del proyecto del MERCOSUR dejaría en pie el modelo alternativo, de tratados de libre comercio bilaterales con Estados Unidos o la Unión Europea, que signifcan la liquidación de los actuales proyectos de soberanía económica y de industrialización autónoma latinoamericana. Estos factores externos, permiten entender el conjunto de intereses que apuestan a la derrota del actual proyecto argentino, y porqué ciertas fracciones económicas locales son los actores mediante los cuales la estructura del sistema mundial puede reconducir a la Argentina al redil de la “globalización”.

 

Ver documento completo aquí.