Lo único definitivo es la muerte, afirman. Salvo, claro, que entren en juego la imaginación y la literatura. O más específicamente, la pluma de Jenny Erpenbeck. “El final de un día en el que alguien ha muerto está lejos de ser el fin de los días”, escribe quien es considerada una de las mayores escritoras alemanas contemporáneas y redobla la apuesta.

Por Paula Rey

El libro, titulado justamente El fin de los días (Edhasa, 2016), comienza con la muerte de una bebé en Galicia, a principios del siglo XX. Con su desaparición, sus padres empiezan a vivir ese futuro al que se ven empujados: el padre emigra y la madre ejerce la prostitución. Entonces la primera sección del libro termina y la autora nos lleva una vez más al inicio en un intermezzo: ¿Qué hubiera pasado si la bebé no moría? ¿Cómo hubieran sido esas vidas? Así continuará la novela. Cada sección relata una nueva versión del fin de esa vida. Un constante avanzar y retroceder que recuerda un poco al comportamiento que permitían los libros de la colección “Elige tu propia aventura”.

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La saga familiar se desarrolla en Galitzia, Austria, Unión Soviética, Alemania y abarca desde poco antes de la Primera Guerra Mundial hasta la caída del muro de Berlín. La novela es una sucesión de historias de mujeres fuertes que luchan y sobreviven, que remiten a algunas películas recientes que, en una especie de revancha feminista, ponen el foco en esas mujeres que también lucharon por sus ideales y por sobrevivir, que formaron parte aunque la historia oficial las ningunee. Como describe la contratapa del libro, la geografía no es casual: le permite narrar el ocaso del Imperio Austro Húngaro; el antisemitismo recurrente; el exterminio de la Segunda Guerra Mundial; el terror bajo el gobierno de Stalin. Las historias de esas mujeres ocurren en ese contexto, transitan por una cuerda floja entre la ingenuidad y el horror. Quienes lean las acompañarán en sus periplos, en sus momentos de felicidad y cuando la vida se les hace cuesta arriba.

Hay puertas de entrada que pronto serán de salida, hay decisión de sacrificar la vida por algo diferente del amor; el olvido se transforma en una segunda pérdida. Y es que la muerte, pero en particular sus consecuencias, es otra protagonista. Al igual que en su anterior novela, La pureza de las palabras, la autora nos regala una escritura lírica y precisa que logra conjugar el horror y la belleza.