800px-Obelisco_en_Buenos_AiresDesde ya que emitir deuda no es ni bueno ni malo. Depende de los montos, de la capacidad de pago, del destino del endeudamiento, del costo del dinero y de las tasas, del plazo para la devolución del capital, entre otras cuestiones.

Por Aníbal Ibarra

En general, el endeudamiento es aceptable cuando el dinero obtenido se destina a obras de envergadura que serán aprovechadas por distintas generaciones. En esos casos es lógico que el costo de esa obra se extienda en el tiempo y no sea absorbido solamente por los actuales contribuyentes. Hay veces en las que el endeudamiento aparece como única opción para hacer frente a vencimientos o pagos que de otra manera no podrían saldarse, lo que podría ocurrir frente a una crisis grave e imprevista. Ninguna de esas situaciones sucedió en la ciudad de Buenos Aires en estos últimos siete años a pesar de lo cual el actual gobierno porteño emitió deuda en forma sistemática, todos los años.

Desde el año 2008 la deuda porteña se triplicó en dólares (U$S 587 millones en 2007 a U$S 1930 en la actualidad) y eso no se reflejó en el crecimiento porcentual de la inversión real directa o, dicho de otra manera, en el crecimiento de las obras públicas. Es más, el porcentaje –con relación al total del presupuesto- de inversión en obras públicas de estos años es similar al que había en el año 2005/6. Dicho de otra manera, el endeudamiento no se reflejó en un shock de obra pública a pesar del discurso macrista en ese sentido.

¿En qué se utilizó entonces el dinero que llegó a la ciudad por la emisión de deuda? En gastos corrientes.

El déficit con el que se gobernó todos estos años fue cubierto con endeudamiento en una gestión que fue casi un calco de lo que sucedió en la Argentina en esta materia durante los años ´90. Pero detrás del endeudamiento también hubo negocios. Podemos citar, por ejemplo, el endeudamiento autorizado por la ley 3380 del 3 de diciembre del año 2009 por la suma de 475 millones de dólares.

En esos momentos el dinero estaba muy caro y por lo tanto sólo se justificaba un endeudamiento frente a una necesidad imperiosa. La ciudad se endeudó a pesar de que no tenía ninguna necesidad –se argumentaron que era para obtener recursos para la ampliación del subte y luego se utilizó el dinero con otros fines- y lo hizo a una tasa del 12,5% anual, lo que significa una tasa altísima acá y en cualquier parte del mundo. ¿Por qué se hizo eso? ¿Torpeza o negligencia? No, el motivo fue otro.

Si la ciudad se endeudaba por una suma baja –para algunas necesidades imperiosas, por ejemplo, la comisión era también baja. Al ser un endeudamiento de casi 500 millones de dólares, la Consultora KBR –de propiedad de un aportante a la campaña de Macri- se llevó cinco millones de dólares por no hacer nada ya que en la operatoria intervino además un banco que fue el que hizo toda la gestión de emisión de deuda. La explicación de ese endeudamiento innecesario y caro no es otra que el negocio detrás de la emisión. Eso sí, después las deudas se pagan con los impuestos de los porteños y en un futuro gobierno.

Otra forma que adoptó este gobierno es endeudar a la ciudad bajo el sistema de “dólar linked” o sea de emitir deuda en dólares ajustables por devaluación. Fue así que en enero de este año el gobierno porteño emitió una deuda de U$S 147 millones bajo esta modalidad un día antes de la devaluación del peso en casi un 15%. Dicho de otra manera, un negocio redondo para los bonistas que ganaron casi un 15% en 24 hs. y un perjuicio irreparable para la ciudad. ¿Torpeza o casualidad? No, el negocio detrás de escena es otra vez el motivo de esa emisión.

Debe investigarse quiénes fueron los que se beneficiaron con ese manejo tan obvio como desprolijo. Ahora Macri pretende endeudar nuevamente a la ciudad por U$S 890 millones de dólares, no para obras sino para pagar deuda generada por su propio gobierno. O sea que pretende transferir a otros gobiernos, en una suerte de bicicleta financiera, las deudas que él aprovechó para disponer de caja. Deuda que emitió a un alto costo y con los oscuros negocios de unos pocos detrás.

No se explica entonces que quien tuvo estas políticas de endeudamiento pretenda dar cátedra sobre cómo negociar con los fondos buitre. Macri sostiene que el gobierno nacional debe pagar a cualquier costo cumpliendo lo que dice Griesa. Más que una posición política es un discurso de conveniencia propia, porque si las olas siguen agitadas en abril del año que viene Macri no podrá pagar importantes vencimientos de deuda y correrá el riesgo de llevar a la ciudad al default.

Situación difícil de explicar después de 8 años de crecimiento de la recaudación y de los recursos porteños. El default y los negocios detrás de la deuda son hoy fantasmas reales en el horizonte porteño.