Se hizo explícito el pensamiento del músico Gustavo Cordera. Después de sus escandalosas declaraciones ya no quedan violencia-a-la-mujerdudas de su machismo y misoginia.

Por Silvina Lico

Este señor, formó parte y fue “front man” o líder del grupo musical de rock La Bersuit Bergarabat, surgido en los años 90 que con letras y música pegadizas se caracterizaban por presentarse en vivo vestidos con pijamas.
¿Escuchaste a la Bersuit? me preguntó hace ya 20 años la hermana de una amiga en una fiesta adolescente. No, no los había escuchado pero a partir de allí empecé a hacerlo y probablemente haya contribuido a su peculio con la compra de algún CD o entrada a un recital.

He repetido letras enteras del grupo, en menor medida del Sr. Cordera como solista y sin embargo no había percibido conscientemente sus nefastas convicciones.

“La Argentinidad al palo” es el nombre de una canción de las más populares de la Bersuit donde se mencionan o describen supuestas características típicas que construyen la “argentinidad». Y cito “Locatti, Barreda, Monzón y Cordera también matan por amor”. Es decir que los hombres argentinos, incluido el músico, “matan por amor” o técnicamente hablando, cometen femicidios.

Pero ¿qué dijo Cordera en su entrevista en TEA? ¿Acaso dijo salgamos a violar mujeres y sometámoslas a nuestros deseos sexuales contra su voluntad? No. No fue eso lo que dijo sino que, más allá de los delitos que cometió con su declaración, porque incluso habló de mujeres de menos de 18 años, fue algo mucho más encrespado.

El Sr. Cordera nos trata como seres histéricos que necesitamos que nos violen para darnos cuenta de que eso es lo que realmente queremos. Que cuando decimos no, queremos decir si, pero no lo sabemos porque no podemos “gozar libremente”. Y él y el resto de los hombres están “a nuestro servicio” para violarnos y que lo entendamos.
En el mismo sentido se enrola el “romanticismo” de Arjona (pido perdón por semejante cita) “dime que no pensando en un sí y déjame lo otro a mi”. Otro que bien baila, diría mi abuela.

De esto trata cuando desde el feminismo hablamos de “desandarnos culturalmente” para orientar nuestras conciencias bajo la perspectiva de género. Y vaya si es difícil! Muchas personas entre las que me cuento, necesitamos que el mismísimo Cordera dijera las barbaridades que dijo con todas las letras para comprender de qué hablamos cuando hablamos de cultura bajo dominación paternalista.

Por eso debemos festejar todas las reacciones que se generaron por este episodio. Desde las auténticas hasta aquellas obligadas por alguna corrección política.

Las argentinas y los argentinos ya no toleramos ni permitimos que un músico diga lo que dijo alegremente sin que sufra alguna consecuencia.

Porque a las mujeres nos violan y nos matan todos los días y siempre, pero siempre, se nos cuestiona a nosotras antes que condenar a los hombres victimarios. Porque no nos gusta que nos digan por la calle ni en ningún otro lado “que lindo culo que tenés”, ni que nos “corten la pollerita”, ni que nos paguen menos que a los hombres por nuestro trabajo, ni que digan que viajamos solas cuando éramos dos, ni que se fijen en el tamaño de nuestra falda si desaparecemos después de una entrevista laboral, ni que nos digan “locas de pañuelos blancos”, ni que una revista política nos prenda fuego en una hoguera en su tapa, ni que nos metan presas como a Milagros.