300325_278683262172388_509609187_nUna niña murió baleada por una “bala perdida” en un tiroteo entre policías y ladrones. No se trata del tradicional juego de niños, sino de una forma absurda de “seguridad”, impulsada por los medios más tradicionales en forma que podríamos calificar de despiadada, por lo constante y repetitiva.

Por Florencia Elgorreaga

Esos discursos predican constantemente que perseguir a tiros a un ladrón es bueno y edificante. El resultado es este, y también que cualquier pequeño delito se acompañe de violencia y muerte, porque el delincuente se “previene” de las consecuencias.

Estas prédicas no son las únicas. La xenofobia, el racismo, el desprecio por los sectores más humildes de la sociedad, las acompañan. La deliberada confusión entre los delitos graves y aquellos que obedecen a las circunstancias de exclusión económica, educativa y cultural a la que muchos fueron sometidos desde su infancia.

Confusión que siempre sirve para tener a mano la posibilidad de criminalizar a aquellos que reclaman derechos humanos tan esenciales, que están previstos en la constitución y las leyes: vivienda, trabajo, salud, una escuela digna cercana a sus domicilios… La manipulación de estas ideas ha sido un recurso maravilloso, desde fines del siglo XIX, para los sectores de poder: asustar a la clase media, reprimir las huelgas, discriminar apariencias, sancionar la Ley de Residencia, porque demonizar a los inmigrantes es un deporte muy antiguo…

En la última década, muchísimo hemos avanzado por el firme propósito de Kirchner de no criminalizar la protesta social, por una parte, y en materia de seguridad, dotar a las instituciones de una educación y normativas diferentes, que no apelen a las armas de fuego como reacción instantánea. No todo fue sencillo, porque las policías no dependen del Estado Nacional y ahí tenemos, sin ir más lejos, a la Metropolitana y sus continuos desmanes. Es preocupante, entonces, que el permanente sonsonete televisivo y su penetración en la audiencia convenza a funcionarios gubernamentales de que el único camino es sumarse a esas voces y retroceder en el tiempo.

La Argentina se había prometido “Nunca Más”. Esto es válido para todos los derechos humanos.