1508975_894525597302214_1847917854192016429_nGraciela y Nicky Beretta, PRESENTES! Hasta la victoria siempre!

   por María Elena Naddeo

El Gobierno Nacional en el marco de las políticas de Derechos humanos recupera los legajos de los detenidos desaparecidos, trabajadores del Estado, en la Dictadura Militar, para dar cuenta de la verdad. No abandonaron sus puestos de trabajo fueron detenidos o escaparon frente a la represión desatada por la Junta Militar. Aquí la reparación de legajos de las hermanas Beretta. En palabras de la autora, amiga y compañera de militancia.

Corría el año 1976, tras un breve periodo democrático cargado de tensiones y luchas sociales, de avances y retrocesos en el campo de los derechos y la participación popular, el golpe de Estado del 24 de marzo dio inicio a un periodo de persecución política y de activa y planificada represión hacia la militancia social y política de aquellos tiempos.

El secuestro y desaparición de personas se convirtió en una estrategia represiva de particular crueldad, destinada a generar un marcado terror en la comunidad. La comprobación, años después, de la existencia de decenas o cientos de campos clandestinos de detención, con miles de detenidos sin proceso judicial alguno, sometidos a todo tipo de torturas y tratos inhumanos crueles y degradantes, confirmó la existencia de un plan sistemático de terrorismo de Estado para aniquilar la resistencia popular.

El objetivo central de la Junta Militar era introducir en el país un plan económico de apertura de la economía al servicio de la concentración de la riqueza en los grupos de poder de la elite nacional y transnacional. Esa fue la propuesta económica de la Junta militar con el ministro de Economía y representante de la sociedad rural, José Alfredo Martínez de Hoz, cuyas políticas marcaron el derrumbe del Estado y de la industria nacional, con la consiguiente caída en la pobreza e indigencia de millones de argentinos.

Las hermanas Graciela Beretta y María Magdalena Beretta eran dos militantes del campo popular, comprometidas en el ideario común y generalizado en los años 70, imbuidas por la plena convicción de estar construyendo una nueva sociedad en la cual el pueblo fuera el principal protagonista y los recursos naturales, económicos y financieros de la Nación fueran puestos al servicio de los derechos y del bienestar de esas mayorías.

La lucha de estas jóvenes se inscribe en el movimiento político transformador de la época, signada por el influjo de la Revolución Cubana, las luchas de los movimientos de liberación nacional y social de los países del Tercer Mundo, las luchas de la Resistencia peronista y del Luche y Vuelve, de las corrientes sindicales clasistas lideradas por dirigentes paradigmáticos por su ejemplo de vida y coherencia ideológica como Agustín Tosco, Atilio López, Antonio Di Pascuale.

Podemos debatir y encontrar líneas de crítica y autocrítica para muchas de las acciones y decisiones políticas tomadas por las organizaciones juveniles en aquel momento histórico. Sin embargo lo que está fuera de toda vacilación y de todo debate es el carácter heroico de aquella militancia dispuesta a dar la vida por sus ideales, dispuesta a resistir la Dictadura militar, violatoria de todos los principios constitucionales y humanitarios, y cuya acción de gobierno ha sido repudiada por toda la ciudadanía desde los primeros años del retorno de la democracia.
Graciela era una joven abogada recibida hacía pocos meses, María Magdalena o Nicky como la llamaban sus compañeras de la secundaria y amigas de militancia, estudiante de Psicología. Hijas de una familia trabajadora del barrio de Villa Devoto. Yo las conocí en la militancia barrial y social del grupo juvenil de la parroquia de Corrientes y Dorrego, en ese amplio movimiento del cristianismo comprometido con los pobres y la lucha por la igualdad. Nuestra amistad superó la política, enlazamos nuestras luchas con el cariño fraterno que vence todos los tiempos. Quienes las conocimos, con las compañeras de escuela, de la parroquia, y del barrio, Susana, Cecilia, Matere, Cali, Guillermo, Inecita, Roby, guardamos el recuerdo emocionado de vidas que dieron testimonio y ejemplo. Vidas que hubiéramos querido preservar, que hoy nos hacen tanta falta, y que la saña genocida arrebató en la Escuela de Mecánica de la Armada, posiblemente en enero de 1977 último lugar en el que fueron vistas, según relatos de otros compañeros detenidos.

Hoy el Estado Argentino las reivindica, hoy las chicas Beretta superan el recuerdo de sus pares y de los organismos de derechos humanos que contenían cuidadosamente su memoria. La Presidencia de la Nación, con la Secretaria de Derechos Humanos y el Ministerio de Defensa, lugar donde trabajaban como empleadas administrativas, reparan sus legajos de personal para dar cuenta de la verdadera historia. En el caso de Graciela la gestión de aquella época, había declarado la Cesantía por abandono del cargo a pocos días de su detención y secuestro realizada en la puerta misma del Instituto de Previsión Social de las fuerzas Armadas – Cerrito 572 – a plena luz del día. En el caso de Nicky, ella había presentado su renuncia dos días antes en un clima de persecución política y detención de otros compañeros y compañeras. La misma fue aceptada por la Institución con una celeridad sorprendente y sospechosa.

El año próximo se cumplirán 40 años de su desaparición, 40 años del último Golpe militar contra un gobierno constitucional. Hoy las políticas de Derechos humanos iniciadas por el presidente Néstor Kirchner con la derogación de las leyes de Impunidad y la derogación del indulto a los militares de los gobiernos anteriores, se expresa en estos actos de reparación. Son gestos de una enorme simbología. Es incorporar la verdad de lo sucedido en aquellos años en cada rincón de trabajo, en cada empresa, en cada casa de estudios.

Por ello nuestro reconocimiento a quienes desde los altos cargos del Estado llevan adelante estas acciones reparatorias y, a las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo ejemplos de resistencia y coraje cívico sin las cuales estas políticas de derechos humanos no hubieran tenido la continuidad y la consistencia que hoy tienen. Vale señalar que la mamá de las hermanas Beretta también participó muy en los comienzos en las rondas de las Madres, para alejarse después por problemas de salud generados por la detención y ausencia de sus dos únicas hijas.
Si hoy estuvieran físicamente con nosotras Graciela y Nicky Beretta nos dirían con esa tozudez que las caracterizaba: No bajen los brazos, no retrocedan, el camino es arduo, pero es el camino del Pueblo. Y llegaremos, algún día llegaremos, ganaremos nosotros los más sencillos, ganaremos.