Trabajadores de la salud, enfermeras, enfermeros, médicas y médicos, primer frente de batalla ante la pandemia

de María Elena Cabrejas

La pandemia del COVID-19 deja al descubierto en todo el planeta la necesidad de contar con un estado presente y un sistema de salud pública articulado, con verdadera rectoría desde un gobierno central que garantice la vida y el cuidado de la salud de toda la población.

En nuestro país, esta crisis sanitaria y socioeconómica sin precedentes, se está desarrollando en el contexto de un nuevo gobierno, que asumió apenas hace 4 meses y que se ha encontrado con un estado arrasado, debilitado y un sistema de salud semi desarmado, empobrecido por las políticas neoliberales del gobierno de cambiemos, que llevaron al desfinanciamiento tanto del subsector público como del de seguridad social y aún del privado.

No obstante, las enérgicas medidas tomadas por el Gobierno Nacional frente a la emergencia, están logrando torcer el rumbo anterior, recuperando al Ministerio de Salud en su rol rector y organizador de un sistema aún muy fragmentado y deficitario, pero todavía en pie. La respuesta del Gobierno Nacional frente a la pandemia ha sido ser principalmente el garante del derecho a la salud de nuestro pueblo, articulando acciones con todas las áreas y jurisdicciones, con una mirada puesta claramente en los sectores más postergados.

Es conveniente recordar que desde diciembre de 2015 se aplicó en el país un enorme ajuste presupuestario y la pérdida del rol de rectoría del Ministerio de Salud que culminó con la des- jerarquización del organismo pasando de ministerio a secretaría.

En los cuatro años de gestión del gobierno de cambiemos se produjo el achique y vaciamiento de áreas claves vinculadas a la prevención y la promoción de la salud. Asimismo, se sub ejecutaron las partidas presupuestarias de programas de atención territorial, medicamentos y de fortalecimiento del primer nivel de atención, y se fue desarrollando una creciente carencia de trabajadores y profesionales de la salud en el sector público, que se evidenció claramente, entre otros, en el campo de la Enfermería.

Por otra parte, como producto de políticas educativas ejecutadas por el gobierno nacional y popular hasta el 2015, se ha venido duplicado la matrícula de estudiantes de enfermería en las Universidades Nacionales. Es una de las profesiones prioritarias a nivel país como lo estableció el Ministerio de Educación y el Ministerio de Salud, pero aun es importante la falta de profesionales y es deficiente su distribución en las diferentes jurisdicciones y niveles de atención (Cuadro Número 1).

 

 

 

Cuadro Número 1: Comparativo Fuerza Laboral de Enfermería en el PAIS

 

Nivel de formación 2013 % 2014 % 2016 %
Licenciado/as 19.729 11 21.522 11,8 25.383 13
Enfermero/as 73.373 41 78.570 43 87.172 47.79
Auxiliares 86.073 48 82.278 45 89.274 41.62
Total 179.175 100 182.370 100 192.829 100

Fuente: Red Federal de Registro de Profesionales y Calidad de los Servicios de Salud 2016

 

No obstante, el leve incremento del número total de profesionales, en las evaluaciones del Observatorio Federal de Recursos Humanos en Salud se cuentan cerca 23 profesionales de la enfermería (Licenciadas más Enfermeras) cada 10 mil habitantes. En España existe preocupación porque consideran que el número es bajo y tienen 40 cada 10 mil habitantes. El país que mejor posicionado está es Finlandia, con una tasa de 150; en el caso de Cuba son 80. La Argentina tiene una de las tasas más bajas de licenciados en enfermería por habitante de la región, con cerca de 4,24 cada 10.000 habitantes.

 

El panorama de la Enfermería argentina es sumamente complejo, hoy se forman profesionales de la enfermería, pero muchos no se insertan en el sistema de salud público y muchas veces el mercado termina beneficiándose al presentar salarios y condiciones laborales más atrayentes.

 

Para fines del año 2020 se habrán jubilado 56.000 enfermeras/os; si además se le suma la exclusión a la carrera profesional en numerosas jurisdicciones como en el ámbito de la CABA, sin poder asegurar condiciones laborales y de reconocimiento salarial adecuadas, hacen que el campo de la enfermería sea totalmente frágil y sin posibilidades de un ejercicio pleno de la profesión para mejorar la calidad del cuidado y humanización de las instituciones, y la defensa del derecho a la salud de nuestro pueblo.

 

A pesar de políticas impulsadas y de esfuerzos realizados por el colectivo de la profesión, hoy es muy importante el déficit, faltan cerca de 100.000 enfermeros y enfermeras, y es deficiente su distribución en todo el país. Las condiciones de medio ambiente de trabajo y la baja remuneración sostienen el problema estructural respecto a la escasez de fuerza de trabajo a lo largo de todo el territorio nacional, en todos los niveles de atención y los diversos subsistemas de salud. La implementación de políticas verticales y fragmentadas, sin integrar las instancias de gobierno entre las carteras de trabajo, salud y educación, han logrado ciertos avances, pero sin alterar de fondo los problemas estructurales que manifiesta nuestro sistema de salud respecto a la situación de la fuerza de trabajo de Enfermería (Documento base Equipos Técnicos, Frente de Todos,2019).

 

En este momento este déficit de profesionales de la enfermería se pone en evidencia como nunca antes.

La emergencia requiere de nuevas estructuras hospitalarias y de una mayor capacidad instalada para afrontar el reto de la pandemia y de una fuerza laboral en salud que pueda estar a la altura. Hoy los verdaderos héroes son los trabajadores y trabajadoras de la salud.

Las enfermeras y enfermeros, médicas y médicos, están en el primer frente de batalla ante la pandemia. Esta situación muestra como nunca la necesidad de fortalecer el sistema de salud teniendo como guía los modelos basados en una organización de alta intensidad de participación de trabajadores y trabajadoras, a veces llamada “mano de obra intensiva”. Esto se plantea en contraposición con sistemas organizados principalmente o sólo alrededor de la tecnología, más caros e injustos y con un débil desarrollo del Primer Nivel de Atención. (…) El sistema de salud, sus instituciones, hospitales, centros de salud u oficinas administrativas, son principalmente las personas que lo constituyen. Todo proceso de reforma que se quiera implementar, parcial o sistémico, deberá contar con la transformación de quienes allí trabajan (Revista Soberanía Sanitaria número 5°, 2019).

El énfasis de los sanitaristas que están organizando el sistema de salud frente a la pandemia, desde el Ministerio nacional, provincial y en numerosas jurisdicciones ha estado puesto claramente en destacar, en numerosos documentos, que para llevar adelante una nueva estructura sanitaria se hace necesario incluir a la fuerza de trabajo en enfermería. Esta representa el 60 % de la fuerza laboral en salud.

En el marco de esta crisis sin precedente, que se desarrolla paradójicamente en este año 2020 que ha sido nominado por la OMS como el Año Internacional de la Enfermería y partería, se hace más que visible la importancia de impulsar políticas que apunten al fortalecimiento de la Enfermería, lograr su reconocimiento profesional, mejorar sustancialmente sus salarios hoy muy inequitativos y las condiciones laborales y de medio ambiente de trabajo, que permitan brindar un cuidado humanizado y de calidad científico técnica para nuestro pueblo y su integración activa en todos los equipos de salud comunitarios.